Cuando se trata de arte, Madrid tiene pocos rivales que se atrevan a hacerle frente. El Museo del Prado es el que, a las claras, atrae más visitantes que cualquier otro museo en España, mientras que la colección privada de Thyssen Bornemisza es tan extensa y las obras maestras contemporáneas que guarda el Museo Reina Sofía también saben hacer las delicias de los amantes de la cultura.
Aparte de estas clásicas paradas en el itinerario del arte, en la capital española hay mucho más que este “Triángulo Dorado” con mucha creatividad vibrando en las sombras de estos gigantes prolíficos. Por ejemplo, el Lázaro Galdiano, bautizado así tras el hombre de negocios que legó su vasta colección privada a la ciudad.
Sin ser el tesoro del Thyssen-Bornemisza al menos tampoco le ha tocado compartir el pasado oscuro de este ( y es que las reliquias del Thyssen-Bornemizsa fueron acumuladas mayormente gracias a conexiones nazis).
Entre las 13.000 pinturas y objetos de arte de Lázaro Galdiano, puedes contemplar exponentes de El Greco, de Murillo y Zurbarán y sucumbir ante el sub mundo oscuro y majestuoso de las Pinturas Negras de Goya en la soledad del recinto, dejándote llevar por las sensaciones que esta pieza sabe hacer brotar aún en el visitante menos predispuesto.
La movida madrilène, el movimiento contracultural español que nació al calor de la desaparición del dictador Franco en 1975, vio arte en cada esfera de la ciudad y lo hizo florecer. Graffitis y fotografías y colectivos de arte contemporáneos brotaran por doquier haciendo más bellos y atractivos los paseos y las galerías.
De hecho, ha sido la Galería Moriarty el centro de este movimiento y aún en la actualidad sigue siendo de las más importantes de la ciudad. Se especializa en exhibir el trabajo de los artistas españoles, como las instalaciones de Luis Bisbe y las fotografías de Darya von Berner y Mireia Sentís.
Si bien a muchos se les pasa por alto la galería de arte Salvador Díaz, puesto que quedan algo obnubilados con el más renombrado Reina Sofía que está puerta de por medio, no saben lo que se está perdiendo. Sus exhibiciones de fotografías provocativas y su espíritu que incentiva todas las formas de arte avant-garde son imperdibles. Así también su foco siempre puesto sobre los nombres contemporáneos de España como el diseñador de indumentario Iván López o José Manuel Ballester -quien busca la perfección en sus esculturas abstractas y fotografía urbana- hacen a este espacio un deleite para cualquier persona que busque ampliar sus horizontes y conocer más del mundo.
En la misma dirección, la galería de arte Trama presenta artistas por demás despampanantes como el artista Eduard Resbier que inmortaliza paisajes sublimes o como Javier Campano, quien se caracteriza por tomar fotografías monocromáticas de Madrid. Toda una escena artística con exponentes de todas las ramas del arte, que no hacen más que dejar muy bien parada al arte español.
En contraste con estas interpretaciones ultra modernas de Madrid, también se puede encontrar la reproducción de esta increíble capital europeo de cómo era en 1561, el año en que fue declarada con tal título a nivel nacional.
Lo único a tener en cuenta es que hay que ingresar a un restaurant para poder disfrutarlo. Se trata de la pintura Matritum Urbs Regia del ruso Pierre Schild que fue pintada en 1956 y está basada en los dibujos detallados del artista Anton van den Wyngaerde que datan del siglo XVI , quien viajó largamente por España en representación del Rey Felipe II.
Siendo una de las obras más fidedignas de esas épocas, Schild se lo regaló a la familia Gonzáles quienes son dueños del restaurante Sobrio de Botín, que se arroga el título de ser el más antiguo de su tipo del mundo entero.
Muchas de las mejores piezas de arte puedes verlas a la intemperie como el gratuito Museo de la Escultura Abstracta, una colección de 17 en total del Catalán Joan Miró, el vasco Eduardo Chillida y Pablo Palazuelo que se pueden ver en el cruce entre el Paseo de la Castellana y el Paseo de Eduardo Dato. Las obras, hechas de bronce, acero pesado y espejos se luce aún más estando al exterior donde los diferentes elementos la hacen lucir distintas a cada momento.
Si todo este arte y sus lugares de exhibición no te lograron asombrar, una muestra en un estacionamiento seguro lo logrará. En en el Vázquez de Mella la arquitecta italiana Teresa Sapey, se inspiró en el quinto canto de Dante en la Divina Comedia para alcanzar el asombro a través del ingenio y la destreza. Se trata de una escultura que llama la vista como pocas cosas en Madrid que, además, tiene un gran moño rojo para significar la lucha contra el SIDA.
Víá: BBC Travel/ Imágenes: Ricardo Ricote Rodriguez y Turismo Madrid en Flickr











