El shock cultural o cómo tratar de lidiar con las diferencias entre culturas

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Sin dudas, uno vive en un ambiente que está “naturalizado” para nosotros. Todo lo que hacemos a diario, inclusive los problemas que podemos llegar a tener, están dentro de un horizonte de expectativas que vemos como dentro de los límites normales de nuestra cotidianeidad.

Al viajar, es ese ejercicio mismo de encontrarse con otras realidades que suele traer aparejado un shock cultural (siempre claro que no hayas tenido la fortuna de crecer en alguna clase de ambiente que te haya acostumbrado a ver las diferencias y a aceptarlas). Esta sensación de choque con la Otredad puede aparecer ante el menor detalle o ser disparado desde las altas esferas de cuestiones morales mayúsculas. Aún estando en vacaciones grupales eso no te garantizará poder evadirlas -y desde esta columna tampoco es nuestra intención que así no lo hagas- por eso es crucial aprender a lidiar con ellas al momento que aparezcan. Para ello el turismo es una gran herramienta de acercamiento que hay que aprovechar.

Si bien creo que no debe existir una sola persona en el planeta que esté realmente apta para tratar de la mejor manera un caso de shock cultural, creo que la práctica del viajar cuanto más se lleve a cabo, más ayuda a entender que lo diferente es sólo eso, que no hay riego en ponerse en los “zapatos del otro” y ver el mundo desde otra perspectiva. Entender los valores ajenos es realmente muy difícil, las sociedades nos forman tan bien en la intolerancia, que poder aceptar se hace cuesta arriba aunque la buena noticia es que no es imposible. Aquí les paso algunos choques culturales:

La sonrisa y la risa: un tradicional arte

Tailandia, por ejemplo, suele ser llamado el paías de las sonrisas. Las personas suelen estar siempre sonrientes y reírse a menudo, especialmente en situaciones incómodas. Esto puede parecer en primera instancia liberador y, en ocasiones, frutrante. Sin embargo, no hay que dejarse engañar: suelen hacerlo para hacernos zafar a los extranjeros de una situación que sería aún más embarazosa si ellos permanecieran serios. Por ejemplo, si te tropiezas y caes, los tailandeses se reirán primero que tu sólo para hacerte sentir mejor.

Cómo lidiar con esta situación:

Así como cuanto más frustrado te muestres, los tailandeses más se esmeren en “cubrirte” riéndose, lo mejor que puedes hacer es quitar esa cara de circunstancia y sonreír tu también.

Las contradicciones de la higiene

Japón, por caso, es un país famoso porque allí eructar es sinónimo de que ha gustado la comida, es un gesto bien recibido por el chef – aunque no es el único país donde esta costumbre es algo cotidiano.

Unas vacaciones en África, o un viaje al este a India y Malasia, te enseñarán que este gesto es muy usado por todos, inclusive cuando estés en un restaurante, no te asombres de escuchar un claro eructo en la mesa de al lado.

En cambio, comer con tu mano izquierda puede generar mucha polémica. Parece ser que esta mano es vista como algo “sucio” al ser la que se utiliza cuando vas al baño y luego mezclan los alimentos con los dedos, siempre sin utilizar la izquierda. Lo raro, sí que es raro, es que al sentarse a la mesa sólo se lavan la mano derecha y, de ahí, no es de extrañar el razonamiento posterior.

Cómo tratar esta costumbre:

La mejor manera de evitarla, si te choca mucha, es simplemente ignorarla. Además, ten en cuenta que por ser un extranjero tampoco tienes que hacer todo como los lugareños sólo para no desentonar. Valora tu propia salud por encima del hecho de “encajar”, y no seas tan duro contigo mismo, ¿qué importa si alguien te mira cruzado por comer con la mano izquierda? Tu sabrás si esa es tu mano limpia o no. Otro dato importante que nunca te estará de más: siempre lleva papel higiénico contigo, pues viajero precavido vale por dos.

Mantén las cosas en perspectiva

Los viajes, y más cuando son duraderos, pueden ponerte al alcance de todo tipos de experiencias y, muchas de ellas, pueden no tener ningún color parecido al rosa sino todo lo contrario. Si mantienes las cosas en perspectiva, y no permites que pequeñas diferencias te afecten más de la cuenta, pues el único afectado terminarás siendo sólo tu, estarás bien. Muchas veces te sentirás ofendido por palabras o conductas que, realmente, no tienen una mala intención detrás sino que son simplemente formas muy distintas de desenvolverse.

Sólo piensa que en Ruanda, por ejemplo, decirle a alguien que ganó peso es un halago y no una ofensa debe ayudarte a no dejarte llevar por una primera apariencia de las cosas. De hecho, piensa que lo que es natural para ti no significa que lo sea para todos.

Viajar tiene esos grandes bonus track y aprender a tolerar las diferencias hasta el punto de encontrarlas divertidas una vez aceptadas o fascinantes una vez entendidas es uno de esos.

Vía: aswetravel/ Imágenes Daniel Villoldo y silviaorta en Flickr

 

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